Sinopsis: Isabella Swan es una chica solitaria y timida, vive con su "madre", su hermana y su cuñado. Se mudaran a una nueva casa en donde conocera a Edward Cullen. Se convertiran en grandes amigos, y quizas algo mas, pero su relacion se vera un poco afectada por problemas q surgiran al revivir el pasado de edward.
comentarios del autor: aqui el segundo capitulo de mi nove :)
aca ya se conocen los cullen y los swan :P
veremos que piensa Bells de ed xD
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La puerta del frente se abrió y entonces alguien salio a darnos la bienvenida.
Un hombre alto, rubio y sin lugar a dudas muy guapo, salio y se nos acerco con una calida mirada.
Se dirigió directamente hasta donde estaba mamá, tomó su mano y deposito un beso en ella.
-Bienvenida mi querida Esme- le dijo.
-Muchas gracias Carlisle. Estos son mis hijos Bella, Emmett y Rosalie- dijo mama señalándonos a cada uno.
-Hola Sr. Carlisle, mucho gusto-dijimos los tres al unísono.
-Mucho gusto, por favor no me llamen de usted- Nos reímos disimuladamente - Bueno, entremos para que conozcan la casa y a mis hijos- dicho esto nos dio la espalda y camino hacia la entrada nuevamente, tomado de la mano con mamá. Los seguimos y entramos a la casa.
Una espaciosa estancia blanca nos recibió y dentro habían tres chicos de distintas edades. Sus rostros eran muy hermosos. En especial uno de ellos, que capto mi total atención tan solo entrar a la casa. Eran un muchacho muy joven, alto y muy hermoso. Su tez era blanca, claro está, aunque tenia un ligero tono rosáceo en sus mejillas debido a haberse alimentado recientemente. Su pelo era de un extraño pero bonito color cobrizo y su sonrisa era devastadora. Sus dientes perfectamente blancos sobresalían de una manera cegadora debido a su sonrisa amable de bienvenida. Sus ojos eran color topacio, muy expresivos y llenos de vivacidad. En este preciso instante me di cuenta de que me estaba mirando y me puse nerviosa pues lo había estado observando durante mucho tiempo. Agache la mirada avergonzada y entonces le escuche reírse entre dientes. Baje aun mas la mirada, clavándola en el suelo muerta de vergüenza. No dudo que habiendo sido humana en este instante estaría roja como un tomate. Sentía su mirada clavada en mí y no me atrevía a mirarlo. Después de unos segundos dejo de mirarme y yo volví a subir la mirada, evitando verlo a el.
Pose mi vista en el chico contiguo a él, era aun mas alto pero no tan guapo. Su cabello era color miel brillante y con ondas muy sutiles. Su rostro reflejaba incomodidad y no veía a ninguno de nosotros en específico.
A su lado se encontraba una pequeña chica con facciones como de duende. Su cabello era muy oscuro, casi negro y muy rebelde. Sus puntas hacían una descontrolada danza alrededor de su pequeño rostro, enmarcándolo perfectamente dándole un aire de inocencia y a la vez picardía. Sus pequeños ojos almendrados denotaban excitación. Se le notaba que estaba a punto de ponerse a saltar de la emoción.
Una vez más recorrí la estancia con la mirada. Era muy luminoso, muy espacioso y muy grande. Una maciza escalera de caracol dominaba la parte oriental de la estancia. Las paredes, el alto techo de vigas, los suelos de madera y las gruesas alfombras eran todos de diferentes tonalidades de blanco*. La decoración era exquisita, casi tanto como lo era en nuestra casa en Alaska, aunque esta era mucho más moderna.
Por fin Carlisle decidió romper el silencio reinante.
-Esme, chicos, les presento a mis hijos: Alice, Jasper y Edward- dijo señalando a cada uno con su mano.
Alice ya no cabía dentro de si misma, salio casi rebotando de su sitio y le dio un abrazo a mi madre y un beso en la mejilla, le tendió la mano y se presento nuevamente.
Se acerco a Rosalie y también le dio un beso en la mejilla, Rosalie le dijo su nombre en tono amable. Después Alice se acerco a Emmett, pero al ver la expresión de Rosalie al hacer esto, decidió simplemente ofrecerle la mano a Emmett, quien se la dio, se presento y la soltó nuevamente.
Seguido de el, se acerco a mi y al ver la sonrisa que le dedique se abalanzo sobre mi dándome un beso en cada mejilla. Me presente y le dije que de seguro seriamos grandes amigas; ella rió y su melodiosa risa retumbo por la casa, asintió con fuerza y volvió como un rayo a su lugar junto a Jasper.
Este salio de su lugar y saludo a cada uno dándole la mano, claramente mucho menos entusiasmado que Alice.
Finalmente Edward salio de su posición y empezó a saludar a todos. Al llegar a mi me observó fijamente por un segundo, tomo mi mano y la beso dulcemente sin apartar su mirada de mis ojos. El solo roce de sus labios sobre mi piel provoco una exquisita corriente eléctrica en mi cuerpo, haciendo que me estremeciera ligeramente, pero el no lo noto.
Me soltó y volvió a su puesto.
-Muy bien, ahora que se conocen, es hora de conocer la casa- Dijo carlisle y empezó a caminar en dirección a las escaleras.
Se dirigió directamente hasta donde estaba mamá, tomó su mano y deposito un beso en ella.
-Bienvenida mi querida Esme- le dijo.
-Muchas gracias Carlisle. Estos son mis hijos Bella, Emmett y Rosalie- dijo mama señalándonos a cada uno.
-Hola Sr. Carlisle, mucho gusto-dijimos los tres al unísono.
-Mucho gusto, por favor no me llamen de usted- Nos reímos disimuladamente - Bueno, entremos para que conozcan la casa y a mis hijos- dicho esto nos dio la espalda y camino hacia la entrada nuevamente, tomado de la mano con mamá. Los seguimos y entramos a la casa.
Una espaciosa estancia blanca nos recibió y dentro habían tres chicos de distintas edades. Sus rostros eran muy hermosos. En especial uno de ellos, que capto mi total atención tan solo entrar a la casa. Eran un muchacho muy joven, alto y muy hermoso. Su tez era blanca, claro está, aunque tenia un ligero tono rosáceo en sus mejillas debido a haberse alimentado recientemente. Su pelo era de un extraño pero bonito color cobrizo y su sonrisa era devastadora. Sus dientes perfectamente blancos sobresalían de una manera cegadora debido a su sonrisa amable de bienvenida. Sus ojos eran color topacio, muy expresivos y llenos de vivacidad. En este preciso instante me di cuenta de que me estaba mirando y me puse nerviosa pues lo había estado observando durante mucho tiempo. Agache la mirada avergonzada y entonces le escuche reírse entre dientes. Baje aun mas la mirada, clavándola en el suelo muerta de vergüenza. No dudo que habiendo sido humana en este instante estaría roja como un tomate. Sentía su mirada clavada en mí y no me atrevía a mirarlo. Después de unos segundos dejo de mirarme y yo volví a subir la mirada, evitando verlo a el.
Pose mi vista en el chico contiguo a él, era aun mas alto pero no tan guapo. Su cabello era color miel brillante y con ondas muy sutiles. Su rostro reflejaba incomodidad y no veía a ninguno de nosotros en específico.
A su lado se encontraba una pequeña chica con facciones como de duende. Su cabello era muy oscuro, casi negro y muy rebelde. Sus puntas hacían una descontrolada danza alrededor de su pequeño rostro, enmarcándolo perfectamente dándole un aire de inocencia y a la vez picardía. Sus pequeños ojos almendrados denotaban excitación. Se le notaba que estaba a punto de ponerse a saltar de la emoción.
Una vez más recorrí la estancia con la mirada. Era muy luminoso, muy espacioso y muy grande. Una maciza escalera de caracol dominaba la parte oriental de la estancia. Las paredes, el alto techo de vigas, los suelos de madera y las gruesas alfombras eran todos de diferentes tonalidades de blanco*. La decoración era exquisita, casi tanto como lo era en nuestra casa en Alaska, aunque esta era mucho más moderna.
Por fin Carlisle decidió romper el silencio reinante.
-Esme, chicos, les presento a mis hijos: Alice, Jasper y Edward- dijo señalando a cada uno con su mano.
Alice ya no cabía dentro de si misma, salio casi rebotando de su sitio y le dio un abrazo a mi madre y un beso en la mejilla, le tendió la mano y se presento nuevamente.
Se acerco a Rosalie y también le dio un beso en la mejilla, Rosalie le dijo su nombre en tono amable. Después Alice se acerco a Emmett, pero al ver la expresión de Rosalie al hacer esto, decidió simplemente ofrecerle la mano a Emmett, quien se la dio, se presento y la soltó nuevamente.
Seguido de el, se acerco a mi y al ver la sonrisa que le dedique se abalanzo sobre mi dándome un beso en cada mejilla. Me presente y le dije que de seguro seriamos grandes amigas; ella rió y su melodiosa risa retumbo por la casa, asintió con fuerza y volvió como un rayo a su lugar junto a Jasper.
Este salio de su lugar y saludo a cada uno dándole la mano, claramente mucho menos entusiasmado que Alice.
Finalmente Edward salio de su posición y empezó a saludar a todos. Al llegar a mi me observó fijamente por un segundo, tomo mi mano y la beso dulcemente sin apartar su mirada de mis ojos. El solo roce de sus labios sobre mi piel provoco una exquisita corriente eléctrica en mi cuerpo, haciendo que me estremeciera ligeramente, pero el no lo noto.
Me soltó y volvió a su puesto.
-Muy bien, ahora que se conocen, es hora de conocer la casa- Dijo carlisle y empezó a caminar en dirección a las escaleras.
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*fragmento extraido directamente del libro "crepusculo" de Stephanie Meyer.